Reseñas

 

Inés Nercesian y Julieta Rostica, Todo lo que necesitas saber sobre América Latina

 

Felícitas López Portillo T.*

 

Buenos Aires, Paidós, 2014, 302 pp. (Col. Todo Saber).

 

* Doctora en Estudios Latinoamericanos (Historia) por la UNAM, investigadora titular del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC), UNAM.

 

Las jóvenes autoras, pertenecientes al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas con sede en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Universidad de Buenos Aires, llevan a cabo una meritoria labor con la investigación y publicación de este trabajo. Efectivamente, no es tarea fácil sintetizar el devenir histórico latinoamericano, con especial hincapié en los cambios sociales, económicos y culturales ocurridos en nuestros países a través de los siglos, habida cuenta de la diversidad y heterogeneidad de los mismos, además de la atención otorgada a los factores externos que moldean el contexto.

El libro reseñado se divide en siete capítulos. Los tres primeros analizan "Los orígenes", "Independencias y dependencias, conflictos bélicos", e "Ideas, arte y cultura popular". Las doctoras Nercesian y Rostica, influidas por la moda de lo políticamente correcto, no dudan en apostar por la obra de Eduardo Galeano como la Biblia de nuestras naciones, especialmente Las venas abiertas de América Latina, con su victimismo chillón y su afán de endosar toda la culpa de nuestras miserias al nefando imperialismo. En la cultura popular latinoamericana de nuestros días encuentran que "El dolor, la tristeza, la pobreza y una identidad ultrajada aparecen una y otra vez en poemas, poesías y canciones. Pero también aquella manía de andar soñando despiertos. El espíritu revolucionario, la voluntad de cambio y la búsqueda de la patria son huellas de nuestra historia", tal y como se lee en el prólogo (p. 13).

Conforme la lectura avanza, las sospechas de su adscripción a la teoría de la dependencia -de moda en los lejanos años sesenta y setenta- se confirman. Las autoras no hilan fino en la causalidad histórica del devenir de nuestra América, al ignorar los matices y la complejidad de abarcar un objeto de estudio tan amplio como éste. Cantan loas a la integración de la región, pero pasan por alto que compartimos una matriz histórica común proveniente de la España imperial, con la excepción de Brasil, del que hacen referencia en su texto. La metrópoli impuso lengua, religión, instituciones y costumbres que, aunque atenuados, aún permanecen en mucho vigentes, a despecho de los esfuerzos modernizadores de las élites y de los diferentes entornos internacionales que abarcan de la independencia hasta nuestros días.

En el tema colonial las cosas se pintan color de hormiga, porque los conquistadores españoles, rapaces, feroces y asesinos, no tuvieron ninguna consideración hacia las poblaciones nativas, lo que resultó en un genocidio. "Los indios, además de ser jurídicamente inferiores, eran considerados seres sin alma, por lo que la Corona, siguiendo el mandato de la Iglesia y como una estrategia para dominar a las poblaciones locales, entendía que había que evangelizarlos". Olvídense de la polémica desatada por la esclavitud indígena, de la existencia del Real Patronato Eclesiástico, de la épica de la Reconquista y de la definición de colonias hasta la llegada de los Borbones. Nada de eso tiene cabida cuando se trata de afirmar verdades reveladas.

También se observan varios errores de tipo histórico, geográfico o tipográfico, evitables con una lectura más atenta del texto. Vayan algunos ejemplos: en la página 41 se lee que "Durante el periodo colonial la economía fue predominantemente mercantil y minera. Las minas de oro y plata más importantes eran las de Bolivia, Perú y México, y sus productos se exportaban hacia la metrópoli". En primera instancia se refieren al Alto Perú, pues Bolivia todavía no existía. En la página 51 se refieren al cura Miguel Hidalgo como Manuel, mientras que en la página 98 se afirma que el surrealismo "Estuvo centrado sobre todo en Francia, ciudad que descollaba en los años veinte, al igual que Berlín, como máxima encarnación de la modernidad y metrópoli cultural". En la página siguiente se lee: "Con fines más parecidos a los de Amanta, de "Juan" Carlos Mariátegui, podemos mencionar a La Campana de Palo de Buenos Aires".

Como es de justicia señalarlo, se hace hincapié en la independencia de Haití en 1804. "Nacía la primera república negra del mundo que derribaba los presupuestos racistas del orden colonial y que en su máximo de delirio había llegado a contabilizar más de cien tonalidades raciales de 'no blancura'" (p. 53). Pero se les olvidó mencionar que en la isla prosiguieron las calificaciones raciales entre mulatos, negros y demás colores, las que aún persisten. También se refieren a la independencia tardía de Cuba y Puerto Rico. Sobre esta última, es preciso recordar que en las votaciones efectuadas para consultar a la población sobre la independencia plena del protectorado o la permanencia del actual estado de cosas como estado libre asociado de la Unión, la mayoría vota por la adscripción al maldito imperialismo. Ello no obsta para que, "en la declaración final del II Encuentro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), realizado en La Habana en febrero de 2014, los países defendieron la cuestión de Puerto Rico y se comprometieron a seguir trabajando 'para lograr que la región de América Latina y el Caribe sea un territorio libre de colonialismo y colonias'" (p. 57).

Se hace referencia igualmente a la dificultosa creación de los Estados nacionales, los que más o menos se consolidaron en los países más grandes del área hasta el último tercio del siglo XIX de la mano de la división internacional del trabajo encabezada por la Gran Bretaña, el hegemónico de entonces. La base de nuestra participación fue la exportación de los productos primarios -agropecuarios y minerales- que necesitaba el Reino Unido a cambio de la importación de sus manufacturas y las inversiones en ferrocarriles, servicios públicos, banca, comercio y minería. Recordemos que en Sudamérica la impronta británica duró hasta fines de la Primera Guerra Mundial, pero en la región norteamericana y zona circuncaribe la presencia estadounidense se dio desde principios de la centuria decimonónica. Las doctoras Nercesian y Rostica aciertan cuando escriben que "El liberalismo era el paradigma dominante de la época y en Latinoamérica se puso en práctica en el plano económico, aunque en el ámbito político fue más bien un discurso que una práctica" (p. 65). Al final de cuentas, Latinoamérica tenía que realizar en algunas décadas lo que a Europa le había llevado siglos: el predominio del sistema capitalista y el consecuente nacimiento de la burguesía industrial, junto a una ideología democrática liberal que estaba muy lejos de sostenerse entre masas rurales ignorantes y fanatizadas por la Iglesia católica y bajo la férula de caciques y caudillos de toda laya. En otras palabras, la formación de los Estados liberal oligárquicos fue la tarea de una élite modernizadora, liberal, exclusiva y deslumbrada por el progreso ajeno. Lejos estamos, y estábamos, de la creación de un capitalismo autónomo orientado hacia el mercado interno y la satisfacción de las necesidades populares, aunque algo se logró a partir de la crisis mundial de 1929 a través de la sustitución de importaciones. Pero nunca se estuvo en condiciones de crear la tecnología, el capital y la competitividad necesarias para dar la batalla en los mercados extranjeros y para lograr una sociedad más igualitaria al interior, sobre todo si admitimos que aún cargamos con el legado del lastre colonial y neocolonial. Por no hablar de la renuencia de la clase dominante a comprometerse con el destino de sus países de origen.

En cuanto a la integración, una de las más caras expectativas de las mencionadas investigadoras, apuntemos que sí existe una integración cultural muy amplia, producto a su vez de la colonización española. Pero sin la creación de un verdadero intercambio económico entre los países latinoamericanos, la integración se quedará como lo que ha sido secularmente, una retórica vacía que sirve para adornar las reuniones internacionales, mientras miramos hacia los países desarrollados en busca del efecto demostración que nos guíe al pleno desarrollo. Por ello no comparto el esperanzador señalamiento expresado a continuación: "La unidad latinoamericana es, sin duda, una de las herramientas más potentes para la región, como el Mercosur, el alba, la Unasur y la CELAC" (p. 281). Claro que debemos negociar como bloque ante los organismos multilaterales, pero para eso necesitamos tener altura de miras y una plataforma económica que nos una en pos de una mejor incorporación al mercado global. Por cierto, México ya decidió su integración al norte, donde radica el mayor mercado del mundo y donde viven aproximadamente veinte millones de paisanos. No fue fácil eliminar el dictum de enemigo histórico por el de socio de Estados Unidos, pero al final se hizo. La utilización de la retórica integracionista latinoamericana es enarbolada en sus confrontaciones con el poderoso vecino.

Los capítulos 4, "Cambio social y revoluciones", el 5, "Dictaduras, represión y genocidio", el 6, "Democracias y nuevos gobiernos" y el 7, "La economía latinoamericana", revisan lo acontecido en el siglo XX, incluido el tema cultural, como la literatura del boom y el cinema novo brasileño. Por último, incluyen "Malvinas, un epílogo necesario", así como una escueta filmografía sobre América Latina, y la bibliografía. De esta forma, se examinan las revoluciones mexicana de 1910 y boliviana de 1952, la crisis de 1929 y la sustitución de importaciones, los populismos de Lázaro Cárdenas, Juan Domingo Perón y Getulio Vargas, las dictaduras militares de los sesenta hasta desembocar en el golpe del general Augusto Pinochet en 1973, la insurgencia guerrillera de los años ochenta en Centroamérica, la doctrina de la seguridad nacional, las transiciones a la democracia y la implantación del nuevo paradigma liberal, anclado en el mercado, la disminución estatal y la exclusión social.

A manera de ejemplo de lo examinado en estos capítulos tenemos el caso de la crisis capitalista mundial, inscrita ahora en la órbita neoliberal, o posneoliberal, habida cuenta de la devastadora emergencia desatada a partir de 2007-2008, cuando Estados Unidos, epicentro de la misma, tomó medidas de tipo keynesiano para paliar el colapso del sistema financiero. El capitalismo se caracteriza por sufrir crisis más o menos recurrentes y por su resurrección, que va dejando en el camino a los más débiles y tomando impulso bajo nuevos paradigmas tecnológicos y de acumulación de capital. Aunque algo de esto está considerado en el texto reseñado, se insiste en la necesidad de liberarnos de nuestro atraso y de aprovechar el inminente colapso de la potencia hegemónica para lograrlo. Veremos cómo nos va con China, la hegemonía del futuro no muy lejano, la cual no parece tener demasiada sensibilidad hacia las necesidades de los llamados países emergentes.

Las doctoras Nercesian y Rostica se preocupan también por proporcionar los marcos conceptuales de los temas tratados, y por completarlos a través de referencias a las ideologías y las modas culturales dominantes durante las épocas analizadas. Como es obvio suponer, en un libro síntesis que se quiere de divulgación y para servir de soporte docente a la educación media superior y universitaria, los temas se tratan de manera general, sin ahondar demasiado en los necesarios matices.

Por ejemplo, se insiste en que el caso del venezolano Hugo Chávez Frías y su llegada al poder en 1999 consiste en una nueva etapa de la historia latinoamericana, liberada de injerencias externas y destinada a alcanzar, ahora sí, la anhelada justicia social, eliminados del horizonte la partidocracia y demás enemigos del pueblo. "Durante el gobierno de Chávez hubo una mayor injerencia del Estado en la economía. La petrolera nacional, Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA), se hizo mucho más eficaz, gracias a medidas impulsadas desde el Estado. Hubo un proceso redistributivo, repartición de tierras e importantes políticas de inclusión social". El apoyo popular por estas medidas derivó en el triunfo de Nicolás Maduro en 2013, "lo cual dio continuidad al proyecto chavista" (p. 233). En realidad las cosas no han sido así: PDVSA no se hizo más productiva con la intervención estatal, sino al contrario, y las políticas de inclusión social, que sí se llevaron a cabo, están siendo desmanteladas por la corrupción, la inflación, el desabastecimiento, la inseguridad y la división social que asuelan el país bolivariano, junto a la caída del precio del petróleo. Si no lo he dicho anteriormente lo diré ahora: a pesar del enorme esfuerzo de síntesis y de divulgación realizado por las investigadoras mencionadas, en el libro reseñado no se observa ninguna arista crítica, ninguna duda ni objeción a las sólidas creencias libertarias, feministas e indigenistas de las autoras. Por supuesto, la dictadura ideológica que durante más de medio siglo sobrevive en Cuba no es tocada ni con el pétalo de una rosa, la impostura del subcomandante Marcos en Chiapas y sus fanatizados seguidores no es criticada ni analizada, los errores políticos y económicos, que los hubo, durante la difícil presidencia de Salvador Allende en Chile no son mencionados, mucho menos se anota la certidumbre de la casi totalidad de los organismos multilaterales de que este último país se encuentra en la antesala del desarrollo gracias a las políticas seguidas a partir del fin de la dictadura militar, las que, por cierto, no se apartan ni tantito de la ortodoxia neoliberal (esperemos que Michelle Bachelet sí logre hacerlo, sobre todo en cuanto al oneroso costo de la educación). Recordemos que Chile es el país mejor ubicado en los niveles de transparencia y corrupción de sus homólogos latinoamericanos.

La desigualdad sigue siendo el principal problema de nuestros días, como en los tiempos del barón de Humboldt, y las tareas en este sentido para los asediados Estados latinoamericanos son muchas, pero esperemos que en el futuro puedan paliarse las diferencias con base en la inclusión social y una mejor gobernanza. El libro reseñado, con todo y las fallas señaladas, es útil para la comprensión del pasado, la valoración del presente y la asunción de las tareas por venir.