Morfologías del peronismo clásico en el discurso de Cristina Fernández (2007-2011) | Revista Perfiles Latinoamericanos

Resumen

Desde un enfoque posestructuralista, este artículo desarrolla una aproximación a las formas de representación del peronismo clásico (1945-1955) en el discurso de Cristina Fernández de Kirchner (cfk) de su primer mandato (2007-2011). En este periodo, el discurso kirchnerista recupera con vigor la matriz histórica del peronismo clásico o primer peronismo, anclando parte de su narrativa en el aparato simbólico-discursivo del peronismo de la década de 1940. En este sentido, aquí se examina de qué forma el kirchnerismo se presenta como una identidad deudora del peronismo clásico a través de una resignificación discursiva del momento de emergencia del peronismo como identidad política.

Introducción1

El fenómeno que esta investigación pretende explorar es la transformación y resignificación de una matriz histórico-discursiva. Con esto hacemos referencia a la posibilidad de construcción y conquista de poder político a partir del uso y resignificación de la historia/memoria2 como dispositivo estructurador de sentido; esto es, trayendo al presente experiencias históricas sedimentadas en la memoria colectiva, de tal forma que se evoca un pasado que es digno de recordarse y revivirse. Se trata, en suma, de la capacidad que pueda tener un actor/sujeto político de disputar el sentido que tiene en el presente el pasado.

La relevancia de este trabajo se asienta en la importancia que tiene y tuvo históricamente en el contexto argentino la recuperación de un pasado común en clave peronista a fin de apelar a las clases populares fuertemente identificadas con el significante peronista. Sin embargo, la disputa por el sentido político que tienen en el presente determinadas matrices históricas no es un fenómeno exclusivo del caso argentino. Mas, al contrario, diferentes experiencias latinoamericanas dan cuenta de este fenómeno, motivo por el cual un amplio grupo de académicos han centrado sus esfuerzos en intentar dar cuenta del potencial político que implica que un líder pueda arrogarse la representación de un pasado sedimentado en la memoria colectiva de una población. Las memorias sedimentadas forman parte de las estructuras de sentido que permiten la construcción de sentimientos de pertenencia y por ello los relatos políticos apelan frecuentemente a un pasado común en aras de fortalecer las solidaridades de grupo. Desde diferentes enfoques, estos estudios han abordado la configuración de umbrales de la política -concepto que más delante expondremos- a partir de la recuperación de una matriz histórica. Algunos trabajos relevantes en este sentido son los de Svampa (2007) o Llobet (1984), para el caso boliviano; Freidenberg (2007) y Chumaceiro (2003), que estudian la resignificación de la figura de Bolívar en el caso venezolano; o Rojo (1996) y Diez (2010), quienes han explorado cómo el Movimiento Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) recurrió a la carga simbólica de la Revolución mexicana para buscar reproducir en la actualidad viejas hazañas y luchas del pasado.

Las conclusiones a las que llegan tales autores y autoras coinciden en muchos sentidos. Grosso modo, sus investigaciones señalan que los usos de la memoria colectiva, los imaginarios sociopolíticos y la historia son dispositivos discursivos con los cuales es posible construir nuevos procesos de identificación y, por extensión, nuevas identidades políticas como la zapatista, la chavista, o la obrerista en Bolivia. Asimismo, este tipo de estrategias discursivas confieren a los líderes o formaciones políticas la capacidad de legitimar sus acciones, construir solidaridades de grupo y disputar los símbolos y significantes desde los cuales se constituyen las estructuras de sentido colectivo de una sociedad.

Hechas estas consideraciones, entendemos que nuestro trabajo, si bien aborda un caso concreto, se inscribe dentro de un debate académico y político más amplio, en especial si se presta atención a algunas experiencias políticas contemporáneas como las citadas, entre otras. De igual modo, a diferencia de lo que ocurre en otros países de América Latina, el peronismo en Argentina ha despertado un interés especial por diferentes razones que expondremos más adelante. No obstante, es indiscutible que la emergencia de una nueva variante del peronismo -el peronismo kirchnerista- debe estudiarse desde diferentes enfoques y prestando atención a sus múltiples características, una de ellas la que en este caso nos convoca. En consecuencia, aquí se parte de un enfoque posestructuralista para estudiar cómo Cristina Fernández de Kirchner (CFK), en un momento de reconfiguración de las posiciones y sentidos políticos en Argentina, inicia un giro discursivo encaminado a reinterpretar y resignificar la matriz histórico-discursiva del peronismo de la década de 1940. Si bien el foco será entender cuál es la estrategia que traza CFK, leeremos esta resignificación del peronismo clásico asumiendo que CFK no es un mero actor racional que reconfigura deliberadamente sus coordenadas discursivas, sino que se trata de una nueva estrategia inscrita en un contexto más amplio que no solo condiciona la subjetividad discursiva de CFK, sino que, producto de la coyuntura política y la precipitación de los acontecimiento políticos, abre la posibilidad a la emergencia de nuevas coordenadas de sentido en el discurso kirchnerista. En definitiva, en este artículo se estudia cuál es el resultado de esa operación de resignificación discursiva, es decir, qué peronismo construye el kirchnerismo durante el primer mandato de CFK.

La estructura de este trabajo explica en un primer momento el aparato conceptual con el que se trabaja. En segundo término, se describe un estado de la cuestión respecto del fenómeno propuesto para el caso argentino, en concreto para el periodo kirchnerista. Posteriormente se aborda el análisis propiamente dicho tomando como base los discursos y alocuciones presidenciales de Cristina Fernández entre los años 2007 y 2011. Para terminar, se ofrecen las conclusiones de la investigación.

Marco conceptual de análisis

La pregunta central de este texto, ¿cuáles son y cómo se expresan las conexiones que establece CFK entre el kirchnerismo que ella representa y el peronismo clásico?, se ha tomado de un trabajo de Ernesto Laclau que delinea el concepto de umbral de la política entendido como “un punto de mira que estructura un horizonte discursivo, una línea divisoria entre lo representable y lo irrepresentable” (Laclau, 2013, p. 9), y donde él cuestiona la capacidad estructurante que puede tener un significante en torno a sí mismo. Pensando en clave argentina, este autor señala que el peronismo sigue siendo un significante hegemónico, ya que no ha perdido su capacidad de estructurar un campo significativo de representaciones. De esta forma, el kirchnerismo se convierte en un nuevo umbral de la política y lo hace anclando su construcción discursiva en la matriz histórica peronista, aunque constituye una variante radicalmente nueva y el peronismo sigue siendo un significante vacío cargado de legitimidad popular (Laclau, 2013, pp. 10-12). Ahora bien, el objetivo de este texto no es establecer las analogías que existen entre el kirchnerismo y el peronismo como si ambas fueran compartimentos estancos abordables de forma unidireccional. El propósito es, más bien, entender el discurso de CFK como un intento de “reconstrucción del pasado a la luz de las contingencias políticas del presente” (Aboy Carlés, 2001, p. 147), valiéndose para ello de la capacidad estructurante que tiene el significante “peronismo” en Argentina. No se trata, por tanto, de asumir que CFK actúa como un actor racional que toma decisiones en función de una serie de intereses calculados previamente, sino de una líder que traza una serie de estrategias en función de las contingencias políticas que enfrenta. Como se ve más adelante, estas contingencias permiten que el discurso de CFK se vincule con la historia clásica del peronismo.

En este sentido, una de las premisas conceptuales que fundamenta este trabajo se relaciona con entender que la historia o memoria colectiva están vinculadas con los usos políticos que se les den, ya que “no existen las memorias neutrales sino formas diferentes de articular lo vivido con el presente” (Calveiro, 2006, pp. 377. Énfasis en el original). En esta línea, autoras como Elisabeth Jelin nos advierten de la importancia de la memoria3 en toda sociedad. Para ella, “la memoria tiene entonces un papel significativo, como mecanismo cultural para fortalecer el sentido de pertenencia a grupos o comunidades” (Jelin, 2002, pp. 9-10). De aquí la importancia del vínculo entre los conceptos de memoria e identidad, ya que, según la propia Jelin, toda identidad se construye seleccionando ciertos hitos del pasado que lo ponen en relación con “otros” y le permiten generar sentimientos de pertenencia (Jelin, 2002, pp. 24-25).

Pero apelar a la memoria no solo es un dispositivo que permite crear o fortalecer los vínculos de un grupo o comunidad, es también un dispositivo de reconfiguración hegemónica gracias a que

Esto viene a reafirmar la idea de que el pasado, la memoria o la historia son constructos sociales fluidos, imposibles de determinar en última instancia y, por tanto, siempre sujetos a una lucha -contingente e histórica- por su significado y sentido. Este es el enfoque desde el que se comprenderán aquí los usos de la memoria y la historia para dar respuesta a una pregunta central: de qué forma CFK actualiza el pasado peronista del periodo 1943-1955 en función del presente, intentado dotar de sentido a su empresa política y a la identidad kirchnerista.4

Por otra parte, este trabajo abordará la producción y disputa de sentido desde la noción de discurso tal y como la exponen los teóricos de la Escuela de Essex (Howarth, 1997, 2000, 2005; , 2015; ). Esta tradición teórica entiende que el discurso “excede la mera noción lingüística, ya que no solo refiere al discurso como habla o palabra escrita, sino como toda relación de significación” (Biglieri, 2011, p. 96). En otras palabras, todo discurso es un sistema de prácticas significativas y la base de formación de las identidades de los sujetos y los objetos a partir de la construcción de antagonismos que delimitan las fronteras políticas entre un “nosotros” y un “ellos”, lo que permite la posibilidad de identificaciones colectiva con base en la diferencia ().

Si todo discurso es un sistema de prácticas significativas y al mismo tiempo la base de construcción de toda identidad, luego entonces esta debe entenderse como una construcción discursiva. Para Stuart Hall, constructivista cercano a la teoría del discurso político (TDP), toda identidad debe estudiarse como una construcción que no responde a una realidad, sino a una forma de representar el mundo que no se agota en ningún momento, que está siempre “«en proceso»” (Hall, 2011, p. 15). Este proceso, a su vez, “actúa a través de la diferencia, [lo que] entraña un trabajo discursivo, la marcación y ratificación de los límites simbólicos, la producción de «efectos de frontera»” (Hall, 2011, p. 16); de tal forma que, siguiendo la noción de Derrida de exterior constitutivo, la identidad no se puede concebir sin la presencia de un otro, de una otredad. Asimismo, la idea de otredad se encuentra estrechamente vinculada con el concepto de antagonismo desarrollado por Laclau y Mouffe, por el cual plantean que las relaciones antagónicas son fundamentales en la compresión de las identidades ya que estas “establecen los límites de la sociedad, la imposibilidad de esta última de constituirse plenamente” (). Por lo tanto, la posibilidad de emergencia de toda identidad se basa en la presencia de un antagonismo; aunque es justamente esta presencia la que impide la sutura y cierre total de cualquier identidad.

Las nociones de memoria, discurso e identidad esbozadas sirven para simplificar el encuadre teórico de esta investigación; a saber, que toda identidad se construye discursivamente por medio de mecanismos de autoafirmación y diferenciación y que la memoria es un constructo fluido, sujeto a disputa, resignificación y reconstrucción, lo que permite generar sentimientos de pertenencia anclados en un pasado común y compartido. Configurado este punto de partida, nos preguntamos cuáles son y cómo se expresan las conexiones que establece CFK entre el kirchnerismo de su primer mandato (2007-2011) y el significante peronismo asociado a su etapa clásica (1945-1955).

Estado de la cuestión y encuadre metodológico

Dados la temática y fenómeno que abordamos -la resignificación de la memoria peronista por parte de Cristina Fernández-, esta investigación se acota espacialmente al contexto nacional argentino. Temporalmente, el análisis se inicia con la llegada al poder de CFK en 2007 y se extiende hasta la finalización de dicho mandato en 2011. También se prestará especial atención al periodo posterior a la “crisis del agro”, episodio que supone un parteaguas en el discurso kirchnerista. Esta delimitación temporal se da tras una revisión bibliográfica de los trabajos académicos que han centrado su foco en la construcción de la identidad kirchnerista y la relación de esta con el peronismo.

Debido a la plasticidad y adaptabilidad del fenómeno peronista, la literatura académica que centra sus esfuerzos en comprenderlo y explicarlo en sus diferentes dimensiones es prácticamente inabarcable. Desde su emergencia en la década de 1940 de la mano del general Perón, hasta la Argentina más contemporánea de la mano de los Kirchner, el peronismo ha conseguido protagonizar la vida política argentina, al tiempo que en torno a la identidad política peronista girarán el resto de las identidades, ya que “el rasgo fundamental de la formación política [argentina] a partir de 1945 estuvo dado por la emergencia de la identidad peronista y su centralidad como exterior constitutivo [del resto de] identidades” (Aboy Carlés, 2001, p. 152). Sin embargo, una de las dimensiones menos estudiadas en profundidad acerca de “el hecho peronista”, por utilizar la expresión de Emilio de Ípola (1999), es la referida al fenómeno propuesto en esta investigación. Por lo tanto, nuestra propuesta busca contribuir en el debate académico acerca del peronismo y sus diferentes expresiones -en este caso, la kirchnerista- a partir de la exploración de los vínculos que establece CFK con la emergencia del peronismo en 1945.

Aunque escasos, existen importantes trabajos que desde diferentes enfoques abordan el estudio del kirchnerismo con objetivos similares a los planteados en este artículo. En ellos hay importantes conclusiones que se han utilizado en este texto como punto de partida y base para articular la investigación. Los más relevantes son los que siguen. Rocca (2015), enfocándose en las organizaciones militantes que apoyan al kirchnerismo, da cuenta de los tres momentos que este ha vivido: la desperonización, la repejotización y la reperonización, esta última coincidente con el periodo que se aborda en este artículo. Otra investigación importante en la que se encuentran ciertas analogías históricas entre el kirchnerismo y el peronismo clásico es la de . Estas autoras analizan los condicionamientos políticos que vive Cristina Fernández en su calidad de esposa de Néstor Kirchner, en un contexto en el que la familia política a la que pertenecen estuvo marcada por el matrimonio político de Evita y Perón y posteriormente entre este y María Estela Martínez, figuras siempre subordinadas al general Perón. Por su parte, y desde el análisis crítico del discurso, María Belén Romano (2010) se ocupa de la construcción del ethos en el discurso que pronunció Cristina Fernández el 10 de diciembre de 2007, cuando toma posesión del cargo de presidenta de la república. En esta estrategia discursiva, Romano identifica las referencias a Eva Perón como modelo de conducta y ejemplo a seguir, intentando de esta forma definir “el lugar político-ideológico desde donde ella desea ser escuchada por el auditorio” (Romano, 2010, p. 109).

A nuestro juicio, los trabajos más depurados acerca de los usos de la memoria en el discurso kirchnerista son los de Ana Soledad Montero (2007, 2012), autora que se concentra en la relación que hay entre el discurso kirchnerista y el pasado reciente que corresponde a la izquierda setentista; para ello plantea como hipótesis que “el discurso kirchnerista evoca y reelabora algunos elementos de lo que denominamos ‘memoria militante setentista’” (Montero, 2012, p. 19). Así, coincidiendo con el punto de partida de esta investigación, misma a la que ha servido de inspiración, Montero plantea que

Estos estudios, junto a otros como Svampa (2011), Barbieri (2007) -con un enfoque similar al de este texto- o Funes (2016) exploran, desde diferentes enfoques y con distintos objetivos, las conexiones entre el kirchnerismo y el peronismo; unas veces más anclado a la militancia setentista y otras más vinculado con algunas figuras centrales del imaginario peronista como es el caso de Evita. Sin embargo, ninguno de dichos autores se detiene en analizar cuáles son y cómo se expresan los vínculos entre el peronismo clásico y el primer gobierno de Cristina Fernández. Por ello, este trabajo se ha valido de tales precedentes para acotar su objeto de estudio y su delimitación temporal. Así, de la revisión de esta literatura se concluye que en el seno del kirchnerismo se dio una suerte de giro discursivo caracterizado por el “cambio” en la matriz histórica a la que se alude, se recupera y se resignifica. Si bien durante el mandato de Néstor Kirchner (NK) la vinculación con el peronismo es muchas veces difusa -en ocasiones Kirchner fue criticado por dirigentes peronistas como Duhalde (véase a Montero & Vincent, 2013)-, él recurrirá a una memoria reciente asociada con la militancia juvenil de los años setenta, en tanto que CFK, producto de la exacerbación de lo nacional-popular señalada por Svampa (2011), se valdrá de la matriz histórica del peronismo clásico.

Finalmente, asumiendo la naturaleza crítica del enfoque posestructuralista de la TDP,5 las fuentes de datos empíricos de las investigaciones enmarcadas en esta corriente son de dos tipos: lingüísticos y no lingüísticos, y reactivos y no reactivos. Entre los primeros la diferencia es verbal/no verbal, ya que los dos casos son expresiones del discurso, tal y como se entiende el discurso en este artículo. Con relación a los segundos, la diferencia se observa en el elemento de intersubjetividad implicado en los datos reactivos, lo que no sucede con los no reactivos (Howarth, 2005, pp. 68-69). Esta investigación recurre a datos lingüísticos/no reactivos y a datos no lingüísticos/no reactivos.

En cuanto a los niveles de análisis, la TDP trabaja en tres: los significados o semántica; la retórica6 como mecanismo para alcanzar ciertos efectos, y la construcción de la subjetividad.7 Esta metodología diferencia entre el análisis de las estructuras narrativas y el de las estructuras retóricas de los textos. Esta investigación se concentrará en el primero, sin perjuicio de que haya estructuras retóricas del discurso que no se consideren.

La fuente empírica utilizada son los discursos y alocuciones presidenciales de CFK que corresponden a su primer mandato (2007-2011). Del total de discursos disponibles, se tomaran en cuenta aquellos donde el fenómeno que se intenta investigar se encuentre. Finalmente, nos hemos decantado por llevar a cabo un análisis sincrónico centrado en dos bloques temáticos: las figuras de Juan Domingo Perón y Eva Perón en el discurso de CFK, y la forma de vinculación de esta última con el peronismo.

El peronismo clásico y la llegada de Cristina Fernández al poder

Si bien este artículo analiza cuestiones relativas a la primera década peronista o primer peronismo, en su sentido amplio, el peronismo trasciende a lo sucedido en el periodo 1946-1955.8 Como ya se indicó arriba, las apelaciones al pasado se realizan seleccionando ciertos hitos de la historia y borrando otros, de tal forma que se usa el pasado en función de las contingencias del presente. Por ello, con independencia de que en este apartado se hará una breve caracterización del primer peronismo de acuerdo con criterios historiográficos, como fenómeno político, el mismo no se reduce a una serie de eventos que determinen qué es o qué no es. Por el contrario, debe entenderse como un fenómeno de innumerables capas, el cual, dependiendo de las contingencias históricas del momento, se manifiesta de una forma u otra.

La propia emergencia del peronismo como fenómeno e identidad política no puede entenderse si no se presta atención a las contingencias que se dan durante el proceso político vivido entre 1943 y 1945, sobre todo respecto a la relación entre Perón, el sindicalismo, el ejército y las masas en las que más tarde se apoyó (De Ípola, 1999). En esta línea se expresa Aboy Carlés cuando señala que “el peronismo fue, desde sus orígenes, un significante ambiguo, amalgama de un reformismo centralizado y autoritario por un lado y Partido del Orden por el otro” (2001, p. 133). Esta ambigüedad constitutiva del peronismo, también identificada por Groppo (2009), es la que marcará la propia historia del peronismo, motivo por el cual es posible hablar de un primer peronismo (1943-1955), un peronismo de la Resistencia (1955-1972), el de la emergencia de Montoneros (1970-1979), el del breve gobierno del “camporismo” (mayo-julio de 1973), el neoliberal de Menem (1989-1999) y el de las diferentes expresiones del kirchnerismo.

La propia plasticidad del peronismo, muchas veces contradictorio en su seno, pero también su capacidad para perdurar en el tiempo como significante al cual recurrir cuando se apela al pueblo frente al poder, es el elemento que sostiene la pertinencia de esta investigación. En adelante nos referiremos a algunos elementos centrales de la política peronista de los primeros años con el fin de identificar la caracterización que adquiere el peronismo en el discurso de CFK.

¿Qué entendemos por peronismo clásico?

El peronismo clásico o primer peronismo es el periodo comprendido, grosso modo, entre la Revolución de Junio de 1943 o Revolución del 43 -de la que formará parte Juan Domingo Perón- y el derrocamiento de Perón como presidente en 1955.

La Revolución del 43 fue un golpe militar que derrocó al gobierno de Ramón Castillo, con lo que se dio fin a la etapa de la Década Infame, caracterizada por ser un régimen conservador, de sustrato autoritario y plagado de prácticas políticas fraudulentas y corruptas (De Ípola, 1999, pp. 326). Tras el levantamiento, Perón se hará cargo del Departamento Nacional de Trabajo, más tarde Secretaría de Trabajo y Previsión (STP), desde donde impulsará un conjunto de políticas sociales que, apelando a los trabajadores argentinos como base de un nuevo movimiento, contribuyeron a redefinir las relaciones sociales y la correlación de fuerzas en materia laboral. Es en este contexto en el que debe entenderse la emergencia del significante justicia social (Groppo, 2009) como locus de representación de todas aquellas demandas particulares provenientes de los sectores obreros y trabajadores, históricamente desplazados al margen del sistema político y de representación.

Para Juan Carlos Torre (1995, pp. 9-13), la magnitud que alcanzó la política social desplegada por Perón generó una polarización política que derivó en la destitución de Perón de todos sus cargos por parte de sus allegados militares y su posterior puesta en prisión. En respuesta a esta medida, numerosas columnas de personas empezaron a llegar al centro de Buenos Aires la mañana del 17 de octubre de 1945 “con el único propósito de reclamar que se liberase a Perón y se lo restituyera en el gobierno” (James, 1987, p. 445). Tras los acontecimientos, Perón es liberado y desde el balcón de la Casa Rosada podrá dirigirse a los trabajadores allí reunidos. De esta forma, el 17 de octubre se convertirá en la fecha fundacional del peronismo como movimiento/identidad y el balcón de la Casa Rosada simbolizará en adelante el encuentro entre el líder y el pueblo allí reunido (Sigal, 2006, p. 257). Así, “la idea de que los trabajadores movilizados eran los portadores de un mensaje que iba a cambiar el curso de la historia” permite entender por qué, “el acontecimiento del 17 de octubre se encuentra en la base de la construcción del imaginario político del peronismo” ().

Asimismo, el peronismo “no se puede entender […] sin analizar la figura y liderazgo que ejerció Eva Perón” (Barry, 2009, p. 55). La emergencia política de María Eva Duarte de Perón, “Evita”, será en especial relevante cuando en 1946 en uno de sus primeros discursos se dirigió a “las mujeres y los trabajadores, colocándose a la par de ellos como mujer del pueblo” (Barry, 2009, p. 57). Sin entrar en detalles, tres elementos deben considerarse para entender el papel que ocupa en el imaginario peronista: i) la aprobación de la Ley de Sufragio Femenino, que permitió “identificar los derechos políticos de las mujeres con el peronismo. Más específicamente, se busca presentar el sufragio femenino como el triunfo de la lucha personal de Eva Perón a favor de las mujeres” (Bianchi, 1986, p. 255); ii) la vinculación de Eva Perón con el pueblo, con los descamisados, materializada en la creación de la Fundación Eva Perón desde donde se contribuyó a configurar el imaginario peronista asociado a la idea de la justicia social y de la cercanía con los más desfavorecidos (Stawski, 2009), y iii) la fundación del Partido Peronista Femenino como pieza importante en el imaginario peronista, atendiendo al lugar y rol que ocupa Eva Perón en su creación y dirección (Barry, 2009).

Si bien estos son algunos de los hitos fundacionales del primer peronismo, la historia de este se encuentra marcada por las distintas caras, contracaras y ambigüedades de los años 1945-1955. No obstante, en la disputa por el sentido de la historia “la idea del pasado supone algo inmutable, [ya que] nadie puede admitir de modo alguno que un pasado concreto haya cambiado o pueda cambiar” (Wallerstein, 2008, p. 280). Por esta razón, las apelaciones al pasado como dispositivo de construcción de identidad y de legitimación suelen esgrimirse como hechos inmutables, como se verá más adelante en los discursos de CFK. Además se sabe que la apelación al pasado se basa en la selección de ciertos hitos, de ciertas memorias (Jelin, 2002) que actúan como piezas de un lego “dando la posibilidad de colocar las mismas piezas en diferentes posiciones” y armar con ellas diferentes representaciones del pasado (Calveiro, 2006, p. 378). Por lo tanto, para quienes se sitúan como adversarios del peronismo la historia clásica de este podría leerse en otros términos. Perón no solo podría representar la figura del caudillo latinoamericano de corte fascistoide, sino que podrían apelar al hostigamiento político y represión del régimen peronista después de 1949 (Schiavi, 2013), a la presión y represión de la prensa (García Sebastiani, 2005), a la manipulación institucional para reformar la Constitución en 1949 (Aboy Carlés, 2001) o a las alianzas políticas del régimen de Perón con la España de Franco (Rein, 1998), por poner un ejemplo de entre varios. En consecuencia, el régimen peronista presenta tantas capas y matices que, en el terreno político, la apelación al pasado peronista es una lucha por el sentido.

La llegada de Cristina Fernández al poder

Cristina Fernández llegó al poder en diciembre de 2007, y dio continuidad al proyecto político impulsado por Néstor Kirchner cuatro años antes. Sin ser ajenos a la erosión que sufrió en su parte final el gobierno de NK, el hecho cierto es que la popularidad derivada de sus políticas sociales marcó el ritmo de unas elecciones que “estarían dominadas por los ecos del éxito en la salida de la crisis y la herencia de un largo período de unipolaridad” (Cheresky, 2009, p. 28). A diferencia de lo ocurrido en 2003, cuando NK ganó la Presidencia presentándose como un candidato “superador del peronismo” (Sidicaro, 2011, p. 84), CFK concurrirá a unas elecciones en las que ella, junto a los otros tres candidatos oficialistas, reivindicará su adhesión al peronismo. Sin embargo, a pesar de que la coalición política del oficialismo reagrupó a fuerzas peronistas y no peronistas -la fórmula Cristina Kirchner y Julio Cobos es un ejemplo-, su epicentro fue más bien el peronismo, arrogándose el espacio de centroizquierda al tiempo que ubicaba a la mayoría de sus adversarios en la centroderecha (Quiroga, 2009, p. 78).

La reconfiguración discursiva que se dio en el kirchnerismo estuvo marcada por dos elementos fundamentales: el primero tiene que ver con el intento de NK de reorganizar al Partido Justicialista (PJ) para volver a un partido fuerte en detrimento de la fórmula de las coaliciones electorales (Quiroga, 2009, pp. 70-71). Pero antes de que NK pudiese hacerlo, se desatará en marzo de 2008 el conflicto del agro originado por la Resolución 125, por la cual se determinaba un aumento en las retenciones de la soja y el girasol, y se reducían las del maíz y el trigo (Cheresky, 2009, p. 45). La medida provocó una dura respuesta por parte del sector rural, que convocó a paros y movilizaciones. Este conflicto impulsó a su vez la articulación de un nuevo sujeto: “el campo”, mismo que generó adhesiones y simpatías, y que se erigió como el principal antagonista del kirchnerismo. Por el contrario, el gobierno de CFK -y Néstor al mando del PJ- intentó polarizar el conflicto bajo la lógica antagónica del pueblo frente a la oligarquía, identificando su discurso con el peronismo histórico. En consecuencia, la acción de NK desde el PJ y la de CFK desde el gobierno recuperaban la tradición del peronismo clásico, ya que identificaban a los “ruralistas con los golpistas y represores del pasado y los tildaban de continuadores de las políticas antipopulares que conspiraron contra Perón y Evita” (Cheresky, 2009, p. 54).

Con el fin de ganar legitimidad ante las dimensiones que alcanzaba el conflicto, CFK decide que el Reglamento 125 se ratifique a través del trámite parlamentario, lo que generó fisuras en el oficialismo; aunque, tras varias modificaciones, el Congreso aprobó esa medida. Finalmente, cuando la ley tiene que ser ratificada por el Senado, “en un contexto de gran expectativa nacional y con miles de manifestantes aguardando el resultado de la votación, los senadores produjeron un resultado de empate y el vicepresidente J. Cobos desempató con un ‘voto no positivo’ por lo que la iniciativa oficialista fracasó” (Cheresky, 2009, p. 58). La decisión de Cobos lo ubicó inmediatamente como un opositor más al gobierno de CFK. La sucesión de acontecimientos adquirió tal dramatismo que derivó en la irrupción de piqueteros como fuerza de choque oficialista, en la ruptura de la Concertación plural y en la aparición de las entidades rurales como actores políticos protagónicos (Romano, 2010, p. 106). Este es el contexto de llegada de CFK al poder tras las elecciones de 2007.

Análisis

De acuerdo con nuestro marco teórico, intentaremos entender el lugar que ocupa el peronismo clásico en el discurso de Cristina Fernández. Para ello, en lo que sigue, primero se analizará la recepción y representación de las figuras de Juan Domingo Perón y Eva Perón en el discurso de CFK. Luego se abordará de qué forma es representada, recuperada y resignificada la identidad peronista, para finalmente esbozar las principales conclusiones de nuestro trabajo.

En los albores de la crisis de 2008 el peronismo, en tanto significante, empezaba a recuperar su capacidad hegemónica y su capacidad de representar el horizonte de lo popular-emancipador en Argentina. Llamativa es, por ejemplo, la consigna de los seguidores de CFK reunidos la noche de la victoria electoral: “hay que saltar, hay que saltar, que los gorilas se quedán sin ballotage” (NacionalAM870, 2013). Si ponemos en perspectiva dicha consigna y una de las piezas publicitarias del Frente para la Victoria en las elecciones (politicacaba, 2009), donde son recurrentes las imágenes de Perón y Evita, se aprecia una suerte de tránsito -o tensión- entre lo que fue la transversalidad y la exacerbación de lo nacional-popular (Svampa, 2011); es decir, que en la medida en la que el discurso de Cristina Fernández recupera elementos nacional-populares, se intensifica en él la presencia del peronismo clásico. No podemos afirmar, sin embargo, que en el discurso de CFK exista un interés por introducir una tensión entre la lógica de la transversalidad y la lógica de lo nacional-popular; al contrario, la analogía entre la figura de Ricardo Balbín y Julio Cobos en la pieza publicitaria señalada lleva a entender que la intención es la de neutralizar dicha tensión, haciendo que la dicotomía central entre pueblo y oligarquía, importante en la construcción discursiva del kirchnerismo, sitúe tanto al PJ como a la UCR en un espacio de convergencia frente al “enemigo”.

Ganadas las elecciones, el discurso kirchnerista de CFK no mostrará grandes cambios respecto de la lógica de la transversalidad. El giro brusco llegará con el lock-out de la patronal agropecuaria. En los discursos del 25 de marzo de 2008 y del 1 de mayo CFK señala:

Estas alocuciones muestran que el conflicto con la patronal agropecuaria supone un parteaguas en el discurso kirchnerista, convirtiendo a la patronal agropecuaria en el significante que identificará al sujeto antagonista del pueblo argentino, a la patria argentina. La reacción de CFK ante la magnitud de las protestas será la de conformar, en tono irónico, una analogía entre las acciones llevadas a cabo por los sectores agropecuarios y el 24 de marzo de 1976, día en el que una junta militar perpetró un golpe de Estado para derrocar al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. Esta analogía debe entenderse desde la dimensión retórica del discurso, que utiliza la metáfora para construir una equivalencia entre las acciones del sector del agro con las de la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Si a esta dimensión analítica sumamos la dimensión subjetiva, es decir, el contexto en el que habla y puede hablar la presidenta, se podrá entender que sus palabras adquieran mayor fuerza performativa, toda vez que el gobierno que preside, heredero de la acción política de NK, había situado a importantes miembros de las Fuerzas Armadas como parte de los sectores que representaban a los “enemigos del pueblo argentino”, al tiempo que relevó a toda su cúpula, acusando a su conductor, Ricardo Brinzoni, de cometer graves violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura cívico-militar (Biglieri, 2007, pp. 62-63). Pero no será la única relación de analogía señalada: mientras recuerda los años de protestas previas y posteriores a la crisis de 2001, protagonizadas por los movimientos piqueteros, CFK sostendrá que las acciones desde la patronal del agro representaban “los piquetes de la abundancia, los piquetes de los sectores de mayor rentabilidad” (Fernández, 2008a).

Es evidente que en estos actos ocurren dos fenómenos discursivos de enorme interés: i) la lucha que se está dando en la sociedad argentina por conseguir imponer el relato de los hechos, por construir la verdad política de lo que está pasando; y, probablemente lo más importante en cuanto a sus efectos, ii) la capacidad que llega a tener el discurso de Cristina por el cual y haciendo uso de la Plaza de Mayo -que simboliza la unión plebeya entre la líder y el pueblo- excluye a los medios de comunicación y a la patronal agroexportadora de la idea de Patria o pueblo. Como señala Laclau, no solo se trata de identificar al otro como un elemento más, como un elemento neutral, sino de poder excluirlo de la comunidad política autorrepresentada bajo el significante pueblo o patria: “es mediante la demonización de un sector de la población que una sociedad alcanza un sentido de su propia cohesión” (Laclau, 2005, p. 94). No obstante, esta transformación en la forma de dicotomizar el espacio social aún no encuentra referencias explícitas en el peronismo como horizonte inspirador/estructurador del discurso de Cristina. No podemos obviar que, mientras no se rompa la Concentración Plural, Cristina encuentra en estas circunstancias los márgenes de su discurso, esto es, que su subjetividad está fuertemente marcada por la naturaleza política de su gobierno.

A la inversa de lo que ocurre con el discurso de Cristina, NK conectará de forma más recurrente el pasado peronista con el presente kirchnerista durante los primeros meses del mandato de Cristina. En aquel momento, NK ejercía una fuerte influencia en el polo kirchnerista y su figura tenía un gran peso mediático. De hecho, algunos medios de comunicación críticos con el kirchnerismo denunciaban que era él quien realmente gobernaba el país.9 En alguna de las alocuciones de Néstor de aquellos meses, se aprecia la fuerza que adquiere Perón en su discurso, en especial Eva Perón (Kirchner, 2008). La figura de Evita se convierte en el significante central de la justicia social y pasa a encarnar cualquier proyecto de transformación social, siempre en estrecha relación con Perón y las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo. Esta forma de recuperar y resignificar la figura de Eva Perón será habitual en las alocuciones de Cristina, quien la situará en el centro del imaginario peronista-kirchnerista. Por lo tanto, vemos que ambos, Néstor y Cristina, inician una recuperación del peronismo como significante cargado de legitimidad popular, y que recurren a él cuando se trata de apelar al pueblo frente al poder (Laclau, 2013, p. 12; Casa Rosada - República Argentina, 2008; Fernández, 2010b; Kirchner, 2008; archivodichiara, 2008).

Qué lugar ocupan y cómo se representan Juan Domingo Perón y Eva Perón en el discurso de Cristina Fernández

En las páginas anteriores vimos cómo el kirchnerismo empezaba a recuperar elementos del peronismo clásico como mecanismo de interpelación popular y legitimación política. Uno de los rasgos más llamativos es la forma de representar a Eva Perón y Juan Domingo Perón. Grosso modo, Eva es quien mayor carga simbólica concentra, haciendo de Juan Domingo una figura igual de importante en el imaginario peronista, pero un tanto más despojada de elementos simbólicos. En este sentido es que aquí se indagará sobre el papel que ocupa Perón en el discurso de CFK, pero prestando especial atención a la figura de Eva Perón.

Tras la crisis del agro, el discurso de CFK beberá de la matriz histórica del peronismo clásico y los actos públicos y oficiales en homenaje a Juan Domingo y Eva Perón se dispararon, lo que hace evidente la trascendencia que dichas figuras ocupan en el imaginario dominante del peronismo al que CFK pertenece. Con relación a la figura de Juan Domingo Perón, lo más llamativo es que en el discurso de CFK tiene el papel de héroe de la patria. En su discurso del primero de julio de 2010, el general Perón será homenajeado en la Galería de los Patriotas Latinoamericanos del Bicentenario de la Casa Rosada, colocándolo a la altura de héroes regionales como San Martín o Bolívar. Un lector atento se dará cuenta de que homenajear a Perón en la Galería de los Patriotas Latinoamericanos no tiene sentido si no se le enmarca en el relato de la “Patria Grande” donde se inscribe una parte muy importante de la política kirchnerista. La figura del general Perón como héroe se representará afirmando que: “Eso fue lo que hizo Perón en el ‘45, defender lo del Estado, el mundo que cambiaba, el mundo que venía. Ese fue el aporte más importante que hizo a la historia de los argentinos” (Fernández, 2010e).

Pero no solo será el héroe de la patria, al menos no solo en sentido abstracto. Perón encarna la figura de quien, en tanto héroe de toda la nación, supo articular “ese discurso de unidad nacional, de convocatoria a todos los sectores, de identificación con los sectores populares” (Fernández, 2010e) y esto se traduce en alguien que supo abrir sus brazos a todos los argentinos en un objetivo común: “Eso es lo que hizo Perón en el ‘45, abrir sus manos y sus brazos para recibir a todos los hombres y mujeres que quisieran participar de esa verdadera gesta nacional” (Fernández, 2011a).

Y será en virtud de esa capacidad de reunir y convocar al pueblo argentino que aquel 17 de octubre de 1945 el pueblo fue a buscar a Perón porque “Perón significaba para los hombres y mujeres, para los humildes, para los trabajadores los beneficios sociales que les habían sido negados, los derechos y dignidades que les habían sido negados y fueron a buscar a ese coronel” (Fernández, 2009b). Perón aparece así como un soldado de la patria, una metonimia por proximidad entre las figuras de general y soldado, brindando a la de Perón un cariz más plebeyo: “Un soldado es el que defiende a la patria, eso fue siempre Perón, primero un soldado, un patriota y un trabajador argentino” (Fernández, 2009a); un patriota y un héroe que representa “la lucha de los pueblos por su liberación, por la construcción de la dignidad nacional” (Fernández, 2009b).

Al contrario de lo que podría ocurrir en la década que va de 1945 a 1955, Perón no aparece como la figura central que encarna el proyecto de justicia social, al menos no lo es de forma exclusiva, y, por el contrario, pasa a ocupar el espacio de representación del sentimiento nacional, de la unidad de la patria, lo que supone un intento por convertir a Perón en una figura indiscutible en el imaginario nacionalista argentino. Esto es de suma importancia en la construcción discursiva del kirchnerismo ya que convertir a Perón en un héroe de la patria, en un mito nacional, implica convertir al peronismo en el movimiento político más importante de la historia argentina y, por tanto, convertir al peronismo kirchnerista en el heredero legítimo de la figura y la gesta de Perón. El peronismo es, en palabras de Cristina, el movimiento político y social más importante de Latinoamérica (Fernández, 2010d).

Como vemos, los contextos y episodios históricos que invoca CFK al momento de representar a Perón se anclan en la experiencia peronista de los años cuarenta y cincuenta. Por el contrario, las referencias al Perón del exilio en España o al Perón de la década de los setenta, mucho más conservador en el imaginario colectivo producto de sus críticas a lo que vino a conocerse como la Tendencia Revolucionaria (véase Pozzoni, 2007 o Servetto, 2012), son escasas y poco relevantes cuando se apela a la gesta peronista y a su protagonista como elementos de legitimación política.

En relación con Eva Perón, además de la centralidad que pasa a ocupar en detrimento de la figura de Juan Domingo, destacan varios aspectos. El primero es el sitio que se dan en el discurso kirchnerista a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y, al mismo tiempo, la vinculación que CFK construye entre ellas y la figura de Evita. En este sentido, Cristina planteará que las principales políticas del kirchnerismo se habían emprendido imaginando lo que Evita haría en ese caso:

Evita representa, en consecuencia, el proyecto de país que Cristina quiere para Argentina, por ello es que “recordar a Evita es eso: memoria, verdad, justicia, inclusión social, trabajo, salud, educación para todos. Esa era la Argentina que ella quería […]” (Fernández, 2008c).

El 8 de marzo de 2010, durante la celebración del Día Internacional de la Mujer, CFK ubicará a Eva Perón como un símbolo de la lucha de las mujeres argentinas. En aquel acto, de corte más bien institucional, se declaró a Eva Perón como Mujer del Bicentenario y se tomó la decisión de poner un monumento a Evita en el que otrora fuera el Ministerio de Obras Públicas y que ocupa un lugar emblemático en la historia del peronismo, especialmente en la historia de Eva Perón, pues fue en aquel edificio cuando un 22 de agosto de 1951 se convocó a una concentración organizada por la CGT y fue bautizada como el “Cabildo Abierto del Justicialismo” en la que se proclamó la fórmula electoral Perón-Eva Perón para las elecciones del mismo año. En el acto, CFK hará de Eva Perón la figura central e inspiradora de cualquier proyecto de transformación social que se pueda realizar en Argentina, alegando que su figura, la de Evita, no tiene que ver con ideología ni partidos políticos, sino con la vida política del país: “Por eso creo que declarar a esta mujer la Mujer del Bicentenario está lejos de cualquier connotación partidaria o ideológica y estoy segura que identifica como la Mujer del Bicentenario a todas las mujeres argentinas, […] nadie puede dejar de reconocer el rol histórico que esta mujer ha cumplido en nuestro país y en la historia del mundo” (Fernández, 2010a).

Con motivo de la inauguración del segundo mural de Evita en el Ministerio de Obras Públicas, Cristina se referirá al edificio como el lugar “donde Evita tuvo su 17 de octubre; su Cabildo Abierto, del 22 de agosto” (Fernández, 2011c). En este fragmento vemos cómo Cristina pone en pie de igualdad las figuras de Eva Perón y Perón, planteando que el 22 de agosto de 1951 representa un momento fundacional del peronismo equivalente al 17 de octubre de 1945.

Probablemente el significante con mayor capacidad de representar el imaginario compartido del peronismo sea la “justicia social” y, en este sentido, un elemento fundamental para comprender la vinculación que existe entre CFK y el peronismo se relaciona con la indisociable analogía entre Eva Perón y la justicia social. Esto no quiere decir que se haya dado una suerte de desanclaje entre la figura de Perón y el proyecto de justicia social, sino que subvierte dicha relación para poner a Evita como la figura que mejor representa los ideales de justicia social. En un acto celebrado en 2010 con motivo de la inauguración de la muestra “Eva Perón, Mujer del Bicentenario”, CFK recordará que Eva fue:

Pero para el discurso de CFK, la figura de Evita no solo es nuclear en la conformación del imaginario kirchnerista en tanto expresión contemporánea y “auténtica” del peronismo, sino que es elevada, y lo mismo ocurre con Juan Domingo, a ícono de la nación, ícono y figura importante del significante Patria: “Eva es un icono de la Argentina […Eva] fue un punto de inflexión en la historia argentina, después de ella nada fue igual” (Fernández, 2010b).

Y es también en torno a la figura de Eva Perón que CFK identifica el elemento exterior constitutivo de la identidad peronista. Si en el discurso de CFK fueron los sectores agroexportadores los representantes de la antipatria, Eva Perón será recordada como la figura más importante de la identidad peronista, y precisamente por ello:

A pesar de elevar la figura de Eva como la máxima representante de los ideales de justicia social del peronismo, su papel en el imaginario peronista, incluso en el discurso de Cristina, es indisociable al de Juan Domingo Perón. De esta forma, otorga a Eva un lugar predominante en las coordinadas de sentido que unen el pasado peronista con el presente kirchnerista y señala que, para describir y entender lo que hizo Eva Perón, “Hay que escucharla hablar, no más, hay que leerla para entender que ella y Perón, en definitiva, eran un sola y misma cosa” (Fernández, 2010b).

El fortísimo vínculo que construye entre su figura y la de Eva Perón convierten a esta última en el significante que encarna todas las virtudes políticas de las que CFK se siente impulsora, sobre todo las referidas a los derechos y reconocimiento de las mujeres y a la justicia social. Este proceso de identificación se refleja en muchos de sus discursos:

En estos fragmentos encontramos la ejemplificación de lo antes argumentado: Eva Perón ocupa en el discurso de CFK el lugar privilegiado al referirse al peronismo, haciendo de su figura un significante cargado de legitimidad popular y capaz de estructurar en torno suyo el horizonte de representaciones de lo que supone la identidad y el proyecto kirchnerista. La figura de Eva Perón es el significante capaz de nutrir el imaginario emancipador del kirchnerismo.

El lugar del peronismo en el discurso de Cristina Fernández y cómo expresa su pertenencia a él

De los textos analizados, resulta evidente que no solo las figuras de Eva Perón y Juan Domingo Perón forman parte de los horizontes discursivos que recupera el discurso de Cristina en la reconfiguración de la identidad peronista, ahora denominada peronismo kirchnerista, sino que es la propia gesta histórica del peronismo de los años cuarenta y cincuenta la que es recuperada para convertirla en el horizonte de representación de lo que implica un proyecto de transformación social. Esto se constata en algunas alocuciones de CFK como la del 17 de octubre de 2008 cuando reivindica el momento fundacional del peronismo en 1945, señalando que el proyecto que ella encarna mantiene la misma inspiración y vocación de transformación: “es fuerte y es necesario que todos comprendamos el momento histórico que estamos viviendo, diferente a aquel 17 de octubre, pero tan fundacional en la Argentina y en el mundo como fue aquel movimiento histórico” (Fernández, 2008d). Y un año más tarde, acentuará su mensaje planteando que el peronismo “nació como sentimiento, pero fue y es una de las ideas más potentes en cuanto a ideología -para que se horrorice algún intelectual- que hemos tenido en toda nuestra historia” (Fernández 2009b).

Como podía preverse, el 17 de octubre de 1945 sigue siendo el momento fundacional de la identidad política peronista, de la que CFK se asume como heredera. Esto se aprecia en distintos momentos del periodo analizado, sobre todo en los discursos conmemorativos del Día de la Lealtad. En dichas jornadas, la lealtad se presenta como el vínculo entre pueblo y líder, y viceversa. Así, el discurso de CFK resignificará una idea concreta de lealtad -la lealtad del pueblo que reclama al líder encarcelado- asumiéndola como uno de los valores supremos de la identidad peronista, y por extensión, de la kirchnerista. Esta puesta en valor del significante “lealtad” se materializó en acciones como la inauguración de la muestra “Día de la Lealtad, 17 de Octubre” en la que se pudieron apreciar “fotografías, videos y discursos del período histórico comprendido entre 1943 y 1946, material cedido por el Instituto Juan Domingo Perón, el Museo Evita, la Biblioteca Nacional, el Canal Encuentro y el Archivo Histórico Nacional” (Casa Rosada. Presidencia de la Nación, 2009). Con este acto se intentaba recuperar una de las fechas más importantes del imaginario peronista, al tiempo que se asumía como una efeméride no solo de una tradición política, sino de la nación argentina. Una vez más, la retórica, a través de la metonimia, se convierte en el recurso con el cual se alcanza la significación que se pretende atribuir a dicha efeméride: por una relación de contigüidad en la medida en que lo ocurrido aquel 17 de octubre tenía que ver tanto con la reclamación de la libertad de Perón, como con la consecución de un proyecto de transformación nacional. Esta metonimia deviene en metáfora debido a que la naturaleza de dicho acto se vuelve indisociable de la idea de la defensa de la nación. Esto se lee en las palabras de Cristina cuando plantea que “creo que esta muestra de este 17 de Octubre, es algo más que una evocación de carácter o pertenencia partidaria o ideológica. Sinceramente creo que está inscripta en una evocación y en una conmemoración de carácter absolutamente nacional y que le pertenece a todos los argentinos” (Fernández, 2009a).

Días más tarde, el 17 de octubre, en la celebración del Día de la Lealtad en la ciudad de La Plata dirá que:

Tras despojarse de su papel de presidenta y hablar en nombre de su militancia peronista, Cristina vinculará nuevamente el 17 de octubre con la idea de justicia social y la participación popular; todo como una tríada indisociable: “la dignidad de la justicia social, la independencia económica, pero también debemos saber que con nosotros solos no alcanza y, si no, miremos ese 17 de octubre” (Fernández, 2009b). Su pertenencia a la familia peronista será reivindicada en numerosas ocasiones, demostrando de ese modo que la construcción de la identidad kirchnerista era también la resignificación de la identidad peronista (Fernández, 2010c, 2010e, 2011a).

En conclusión, CFK enmarcará su proyecto político en el proyecto del peronismo tal y como ella lo entiende. Un peronismo en el que, además de que Eva Perón es central, recoge y resignifica mitos fundacionales como el 17 de octubre, de tal forma que pierden parte de la carga simbólica que asociaba dicha jornada a la unión del pueblo con el líder -Juan Domingo Perón casi no aparece en las referencias al 17 de octubre- y se establece una asociación directa entre el 17 de octubre y la hazaña popular que dicha fecha conmemora. Para Cristina, el protagonista del 17 de octubre es el pueblo y es por tanto en nombre del pueblo por quien celebra el momento fundacional del movimiento peronista. Así, el kirchnerismo con Cristina propone su proyecto como un proyecto peronista, pero por medio de una variante radicalmente nueva que es el kirchnerismo, donde las figuras de Perón o Evita son representadas de una forma particular, atribuyéndoles, según el caso, un lugar especial y diferenciado en el imaginario que resignifica.

El éxito en dotar de contenido nuevo al significante peronismo lo ejemplifica el discurso de cierre de campaña en el que, si bien las referencias a Perón o Eva Perón por parte de CFK no surgen, el público allí reunido entonará varios cánticos peronistas, demostrando la capacidad de significación y de ordenación de las representaciones colectivas que tiene el peronismo:

Conclusiones

Esta investigación tiene por objeto estudiar, entender e interpretar la forma por medio de la cual Cristina Fernández incorpora en su discurso, durante su primer mandato (2007-2011), elementos simbólico-discursivos relativos a la matriz histórica del peronismo clásico (1945-1955). El peronismo, en tanto identidad política, se ha transformado a lo largo de la historia, adquiriendo sentidos y expresiones políticas dispares y en ocasiones contradictorias con lo que podría considerarse un “peronismo puro”; a saber, la Resistencia (1955-1972), la emergencia de Montoneros (1970-1979), el gobierno del camporismo (mayo-junio de 1973) o el menemismo (1989-1999). En este contexto, el kirchnerismo se presenta como una nueva expresión del peronismo, y adquiere características propias, y a la vez cambiantes. Si en un primer momento es la militancia setentista la historia de la que abreva Néstor Kirchner, la llegada de CKF al poder y en especial la crisis del agro alteran el panorama político argentino, haciendo que la radicalización de lo nacional popular se exprese en referencia al peronismo clásico.

De nuestro trabajo se desprenden diversas conclusiones que contribuyen a la comprensión del kirchnerismo como una forma de expresión emergente del peronismo. En primer lugar, en los albores de la crisis del agro de 2008, la producción de discurso de CFK aún no se caracterizaba por enarbolar su proyecto político en nombre del peronismo. Sin embargo, sí se da una reconfiguración del antagonismo: los sectores de poder protagonistas de la crisis de 2001 dejan de ser los enemigos/adversarios representantes del antipueblo, y ahora lo serán los sectores agroexportadores. Esto se reflejará en la analogía que establecerá CFK entre las acciones de los sectores agropecuarios, “los piquetes de la abundancia”, y el 24 de marzo de 1976, fecha del golpe de Estado contra María Estela Martínez de Perón.

Esta precipitación de los acontecimientos y reordenación de las posiciones políticas debe entenderse como el contexto significativo en el que se producen las alocuciones analizadas de CFK. Como señaló Aboy Carlés (2001) al referirse a las palabras de Perón, este artículo no se enfocó simplemente en analizar los supuestos propósitos de CFK al resignificar la historia del peronismo clásico, sino más bien en entender el sentido objetivo de sus acciones en un contexto político dado. A nuestro juicio, no se puede entender el giro que adquiere el kirchnerismo durante el primer mandato de CFK si no se presta atención a la sucesión de acontecimientos que, en especial durante la crisis del agro, reordenaron el tablero político argentino.

La crisis con la patronal agroexportadora dará un nuevo tinte al gobierno de Cristina Fernández, dotando a su discurso de una fuerte impronta nacional popular similar a la del Movimiento Justicialista fundado por Perón en la década 1945-1955. El tránsito de la lógica de la transversalidad a la lógica de lo nacional popular coincide con la resignificación del primer peronismo por parte de Cristina Fernández, lo que supone una “vuelta a los orígenes” o a las esencias de lo que es el peronismo. Después de que el gobierno de Néstor Kirchner tuviese una impronta más bien fundacional, es decir, de ruptura total con el pasado inmediato, los hechos de 2008 marcan el momento de precipitación de los acontecimientos políticos que derivan en este tránsito de lo fundacional a lo refundacional, expresándose a través de la recuperación del primer peronismo como fuente de inspiración del proyecto político.

En este proceso de recuperación del peronismo clásico hay dos características de gran importancia. La primera remite al lugar que ocupan y la forma de representar las figuras de Juan Domingo Perón y Eva Perón. La segunda tiene que ver con entender el lugar que el peronismo ocupa en el discurso de Cristina y la forma de construir discursivamente su pertenencia a él.

En cuanto a la primera cuestión, Cristina Fernández recupera del peronismo clásico sus dos figuras más representativas y emblemáticas: Juan Domingo Perón y Eva Perón. Con respecto al primero, aquí se concluye que su figura aparece en el discurso de Cristina como la de un héroe de la historia argentina, lo que conduce a que su figura, si bien no estará desanclada del peronismo como horizonte de emancipación popular, se asociará más a la historia de Argentina en sentido amplio, y se le presentará como héroe constructor de la patria, de la nación, igual que otras figuras relevantes del imaginario nacionalista argentino. Al situarlo en este lugar “neutral” de la historia argentina, Perón no encarna el proyecto de justicia social, al menos no de forma exclusiva, y pasa a representar el sentimiento nacional, el de la unidad nacional.

En cuanto a la figura de Eva Perón, CFK la ubica en su discurso representando dos cuestiones básicas: por un lado, la lucha de las mujeres en la vida pública, lo que resignifica su gesta política y plantea una suerte de superación respecto de lo que Eva debió ser, pero que no pudo por su condición de mujer, todo en conexión con el contexto significativo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en el proyecto de CFK. Por otro lado, Eva Perón encarna de forma casi absoluta los valores de la lucha histórica por la justicia social del peronismo, de la cual CFK misma es heredera. Así, Eva Perón aparece en el discurso de Cristina como un significante al que se apela para construir un proyecto político emancipador.

En cuanto al peronismo como significante al que se recurre en la construcción de un horizonte de representaciones, en el discurso de Cristina Fernández se le recupera y resignifica a partir de su matriz clásica (1945-1955). En este marco, la mandataria se autopresentará como heredera y continuadora del peronismo, motivo por el cual insistirá en que sea escuchada como una peronista más, no como presidenta de la nación, seleccionando ciertos hitos de dicho periodo histórico como parámetro identitario. El más importante será el 17 de octubre de 1945, momento fundacional de la identidad política peronista y que será resignificado por Cristina mediante la conversión del Día de la Lealtad no solo en una efeméride peronista, sino de la historia del país. Es así como el proyecto político de Cristina Fernández se presenta como peronista.

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